Estrategia de creación literaria: Cuentos Disparatados
Estrategia 2: Cuentos disparatados
La niña que empezó a escribir
La primera vez que se dio cuenta de sus habilidades quemó su primer cuento, pero descubrió que al quemarlos estos no desaparecían. Su primer cuento vivía debajo de la cama, llevaba allí 16 años, apenas tenía 6 años cuando lo vio nacer, estaba recién empezando a escribir y como ella era amante de los cuentos de terror, y su madre le había leído ''La tumba'' de Lovecraft la noche anterior para que pudiera dormir, pero esa noche no pudo dormir. Se imaginaba que había alguien en el ropero que la llamaba, "Lorelai, ven conmigo, esta es la puerta a la mansión que tanto ansías conocer, será tu casa, solo cruza esta puerta" "Lorelai, Lorelai, Lore…" la llamó toda la noche, y no pudo dormir. Al día siguiente después de la escuela estuvo pensando cómo lograría dormir, entonces recordó que la profesora había contado en clase que ella escribía antes de dormir y así relajaba su mente y alejaba a las pesadillas, aunque lo que vivía en su ropero no era una pesadilla, era real. Tal vez si se relajaba esa noche no la molestaba.
Lorelai cogió su lápiz de unicornio púrpura, un papel con dibujitos alrededor, escribió sobre un zombie que en vida era bombero, y que no comía cerebros, porque eso le daba asco, comía papeles, plástico y metales, eso era más eco-friendly, y este zombie odiaba los incendios, si oía de uno, iba y lo apagaba. De esta manera en su imaginación la mansión en el cuento de Lovecraft nunca se habría incendiado, porque su zombie lo hubiese apagado y no la estarían llamando para ir a vivir en la mansión quemada.
Entonces, contenta de tener un zombie bombero se fue a dormir. Esa noche la voz en el ropero le gritaba, "Lorelai, ven a salvarnos", "Lorelai, ven con nosotros…" Ella mientras se hacía la dormida, sintió su cama moverse un poco, y vio salir a un zombie con traje de bombero y una manguera conectada a una mochila en su espalda, y le dijo: "Lorelai, sigue durmiendo, yo me encargo de esto" cogió la manguera, y a paso heroico se metió en el ropero. Una vez apagado el incendio se metió de nuevo bajo la cama de Lorelai, quien asombrada le preguntó: "¿Los salvaste?", "Hice lo que pude, los saqué a todos, pero el anfitrión no quiso irse y decidió quemarse con su mansión, pero murió feliz, no te preocupes. Ahora estoy muy cansado, ¿me puedo comer lo que hay en este tacho? Se ve delicioso" respondió el zombie bombero, Lorelai sólo asintió con la cabeza y se lo quedó mirando mientras devoraba los papeles y envoltorios de los dulces que comió en la tarde.
Cuando despertó en la mañana, miró debajo de su cama, y había rastros de cenizas, pero ningún rastro del zombie bombero, y en el ropero sólo estaban su ropa y juguetes.
Pero esa noche se dio cuenta que el portal y su cama mágica solo funcionaban en la noche, porque esa noche el zombie bombero salió apurado y le dijo a Lorelai: "Hay un incendio a 5 cuadras de aquí, ya regreso, abrígate y duerme", Lorelai, solo asintió sorprendida otra vez, y mientras el zombie bombero no estaba cogió el papel del cuento y lo quemó, pero no funcionó, porque a las 2 horas el zombie bombero regresó a dormir debajo de su cama.
Y aprendió la lección, las palabras son poderosas, y las podemos usar para hacer bonitas historias. Ahora viven en su cuarto un zombie bombero, un duende que rescata gente con sus poderes telequinésicos, una vampira que sólo succiona sangre de violadores y personas que le hacen daño a otras personas, un hombre lobo que rescata niños que están siendo abusados por sus compañeros o sus familiares. Ellos trabajan todas las noches y además le cuentan sus aventuras a Lorelai.
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